jueves, 30 de agosto de 2007

OLIK

Olik

Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte.
Roberto Bolaño.

Arrastrado por las sensaciones Olik quiso estar desnudo. Hundir la mano en lo que sintió que era de agua, un cuerpo tibio a las tres de la mañana. Supo de su aflicción, supo del deseo y del par de brazos que le nacieron en los costillares. Olik respiro, al mismo tiempo que le pedía a ella respirar. La tomó de la mano y sintió a un dios mirándolos como quien mira por el ojo de una cerradura. Las yemas en los dedos también son ojos, las clásicas terminaciones nerviosas de una emoción, una caja. Le paso la palma de la mano por lo que sintió era un vientre de agua. A salvo de los colores, sin observar, empujado al estropicio, vio el mar o la deuda del mar en la ventana, vio el sendero hasta el margen del mar.

Olik le leyó, bajo los efectos del canabis, el fragmento de un libro. Danzaron las palabras y se aletargaron. Entonces en Olik se arraigo la ambición de mirarla junto al mar. Quiso correr al menos debajo de un aguacero con ella de la mano.

A tal grado que decidió irse a vivir con ella. Todos los infiernos se desataron y en ellos ardieron todas las cosas que Olik dejaba atrás. Cerró los ojos sintiendo el calor de lo que se quemaba, toda una vida, el silencio. Lo primero: quiso tener una fotografía suya, quiso aprender sus facciones de memoria. Luego la llevo a un lugar donde se quedaron solos, un bosque cerca de un lago o un acantilado donde miraron las estrellas o el mar por largo rato sin decirse nada. Olik le acaricio el rostro y la beso por primera vez.

Olik dejo la poesía e intento con la magia, su acto predilecto: hacer flotar un libro de poesía.

Luego Olik mira el techo y continúa imaginando un torneo imposible de poetas, de peleas o madrizas entre poetas, en él Olik se quedaba en las preeliminares de unos octavos improbables: Vallejo contra Zurita para empezar, Bolaño contra Byron, Parra contra Césaire, Neruda contra Pound, Mallarmé contra Huidobro, Nerval contra Lope, Quevedo contra Pessoa y Ausias contra Miguelito Hernández.

Ella veía en Olik un ciruelo. Lo abrazaba como quien abraza un árbol. No eres tú, es la experiencia de vivir contigo lo que me pertenece, le decía Olik mientras recibía ese abrazo.

¿Qué voy a hacer contigo?
¿Por qué no te conocí a los catorce años?
Miradas más miradas menos, lo que queda por callar y para la escritura.
Cd. México abril 2006

1 comentario:

Pituchis dijo...

Pues nada, gracias por compartir este espacio, ojalà no deje de ampliarse, de crecer. He de decir que tu estilo es particular y muy interesante. Porbablemente algún día pase algo importante entre tu y los editores. Quizà especulo demasiado, pero puede suceder.

Profesor: Oscar Pérez.