jueves, 30 de agosto de 2007

ARIAL

Arial

Hágase el personaje, la ausencia en las entrañas de la página. Un blanco activo que palpite y que, en esencia, remarque las palpitaciones intermitentes y sonoras del personaje: La ausencia lleva el nombre de Arial, las palabras que su alrededor nacen y luego se bifurcan, aluzan con su inocente destello la descripción que bandea lo psicológico, siempre queda algo de lado, algo que debió escribirse sobre nuestro personaje. Arial, un peso welter de 28 años, un peso welter por las mañanas de 28 años dando clases, clases aburridas, de literatura, un peso welter escribiendo versos, un peso welter sin apellidos, más budista que poeta, un peso welter de los duros, de los que aguantan caminar la avenida más larga de la ciudad para bajar y dar el peso a la mañana siguiente. Un peso welter que delira todas las noches y sueña que el mundo se le viene encima, literalmente. Arial conoce a Estibaliz y su vida cambia. El dolor lo asola, sólo soñando es posible. En el imperturbable corazón parmenideo de la verdad Arial no es, ha de llamarse ausencia, querencia, no ha de ser tampoco en el tejido narrativo, degollado por estructuras imposibles. Arial no puede más. Nada lo sostiene ni lo soliviará más que su propia ausencia, no fue desaparición sino anhelo de presencia. Deseo de la nada. Nada puede decirse de la nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este texto es tal como lo esperaba de ti: excelente. me recordó nuestras clases. Un saludo.

Donovan